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De la primera conversación al trabajo en casa. Saber en qué te estás metiendo es lo que quita el nervio de empezar.

  1. Conversamos

    Me cuentas qué te preocupa y yo te digo con franqueza si es algo que trabajo. Esa primera conversación no compromete a nada y no tiene costo.

  2. Evaluamos

    La evaluación son 3 citas, no una: la primera es totalmente virtual, la segunda presencial y la tercera de cierre puede ser presencial o virtual. Que la primera sea virtual no es un detalle logístico — es lo que te permite empezar sin desplazarte. Y si vives fuera de Pasto o no puedes desplazarte, la evaluación completa puede ser virtual.

  3. Armamos el plan

    En la cita de cierre te explico qué encontré y armamos un plan con objetivos concretos, hecho para una sola persona. Saber hacia dónde vamos es lo que después nos permite revisar si estamos llegando.

  4. Trabajamos, dentro y fuera de la sesión

    Cada sesión dura unos 45 minutos y puede ser en el consultorio, a domicilio o virtual, según lo que necesite tu plan. Pero el proceso no vive solo ahí: vive en tu casa, entre una sesión y la siguiente.

La terapia no termina cuando termina la sesión

Una hora a la semana no cambia un proceso. Lo que pasa en casa los otros seis días, sí. Y eso incomoda decirlo, pero es honesto.

Por eso involucro a la familia y a los entornos donde esa persona vive, estudia o trabaja desde el primer día. El plan lo armo yo, pero se sostiene ahí.

Prefiero diez minutos diarios sostenidos que una hora el domingo. Las pautas las adapto a la rutina real de cada familia, porque un plan que no cabe en el día a día no se cumple.

Disposición familiar

A eso le llamo disposición familiar, y en la práctica se parece bastante poco a lo que uno imagina. No es comprar materiales ni buscar la mejor terapia. Es estar.

  • Escuchar, incluso cuando lo que dice contradice lo que esperábamos oír.
  • Aceptar el ritmo real, que casi nunca coincide con el ritmo deseado.
  • Permitir la frustración, caer y volver a levantarse, sin rescatar de inmediato.
  • Sostener rutinas, que aburren pero son lo que hace que algo se instale.
  • No perder el norte: todos y todas podemos aprender, con tiempo y con el cómo adecuado.

Esto sale de mi trabajo académico y lo cuento con más calma en «La terapia no es mágica».

Cuéntame qué te preocupa. La primera conversación no compromete a nada.

¿Prefieres llamar? +57 300 7192892

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